A Sebastián Yablonovich lo conocí en algunas de las presentaciones que hicimos de "Luces Calientes", el programa que hicimos entre 2014 y 2015. Tuvimos la oportunidad de presentarlo en algunas salas y en una de ellas Nacho me hizo conocer a Sebastián. En rigor de verdad me presentó a "El Ruso", el cantante de Pulsión. "Él nos hizo la canción de Luces Calientes", me dijo Nacho.
Lo que no supe en aquel momento es que el Ruso también escribía poemas. Recién me enteré cuando vino a participar de Los Narradores. Con lentes ahumados marrones y su libro en mano.
Se sentó, se relajó y leyó.
Fueron muchas las poesías que relató. Todas de ese libro que traía en las manos, su tercero, llamado "Lluvia ácida". Cada una de sus lecturas no llegan a los 30 segundos. Algo que también nos dificultaría la edición.
Es verdad que me quejé porque Lisandro Murray leyó algo muy extenso y ahora me fastidio porque son cortos. Dos son los motivos de mis quejas: uno, al editar te das cuenta de todo, no antes; dos, soy así, inconformista y quejoso.
Por suerte al despojarme de la edición pude disfrutar de la grabación de esa lluvia de poesías.
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jueves, 9 de mayo de 2019
Lluvia Rusa
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miércoles, 26 de diciembre de 2018
Lisandro Murray, escribiendo en la montaña
Llegó con saco y pantalón de vestir grises. Claros los dos. El saco parecía tener hombreras y los pantalones dejaban ver un poco sus medias. Nos contó que es maestro y que le gusta viajar. Más la ruta que el destino, lo que puede conocer en el camino. También nos dijo que para poder estar más liviano en su viaje anda sin celular, sin email y sin redes sociales, nada que lo ate, nada que lo distraiga de su contacto con la naturaleza y con las personas en vivo y en directo.
¿Pero entonces cómo llegamos a él? Por Adrián Abonizio. Adrián nos hizo la sugerencia y casi sin que pudiéramos negarnos le dijo a Lisandro que viniera a grabar. Se lo cruzó y le dijo que lo esperábamos a las 20 horas. Claro, luego era difícil suspenderle o cambiarle de día porque no teníamos como comunicarnos. Pobre Lisandro que tuvo que enfrentarse a dos baterías bajas que hacían que el tiempo deba usarse más rápido que de costumbre.
Vino armado con un libro suyo. Pero un libro de un cuento. Largo para ser el cuento que necesitábamos y corto para ser un libro. Generalmente tratamos de que las narraciones tengan una duración máxima para que no se desarme el formato y para que nuestra edición no desarme el texto.
Comenzó a leer. Por suerte Lisandro se adaptó a nuestro requerimiento y aceleró su lengua. Y su gesticulación. Y su entusiasmo. Y en un rato nos tenía viajando con él. Y sin darnos cuenta nos había metido en su montaña de cera.
¿Pero entonces cómo llegamos a él? Por Adrián Abonizio. Adrián nos hizo la sugerencia y casi sin que pudiéramos negarnos le dijo a Lisandro que viniera a grabar. Se lo cruzó y le dijo que lo esperábamos a las 20 horas. Claro, luego era difícil suspenderle o cambiarle de día porque no teníamos como comunicarnos. Pobre Lisandro que tuvo que enfrentarse a dos baterías bajas que hacían que el tiempo deba usarse más rápido que de costumbre.
Vino armado con un libro suyo. Pero un libro de un cuento. Largo para ser el cuento que necesitábamos y corto para ser un libro. Generalmente tratamos de que las narraciones tengan una duración máxima para que no se desarme el formato y para que nuestra edición no desarme el texto.
Comenzó a leer. Por suerte Lisandro se adaptó a nuestro requerimiento y aceleró su lengua. Y su gesticulación. Y su entusiasmo. Y en un rato nos tenía viajando con él. Y sin darnos cuenta nos había metido en su montaña de cera.
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jueves, 20 de diciembre de 2018
Molly Moon, siguiendo a luna
Molly Moon cayó con la luna en una de las primeras noches templadas de la recién comenzada primavera . Llegó acompañada con Adrián Abonizio, quien nos la había recomendado. Cuando la vimos entendimos el por qué de la recomendación. Pelo de color fluorescente, anteojos grandes donde sus ojos resaltaban y brazos que se zarandeaban hipnóticamente mientras que sus pasos la hacían recorrer la oscuridad del salón. Iba a ser ideal para la cámara aunque tenga que estar sentada.
No conocíamos su literatura pero confiamos en el criterio de Abonizio. Se sentó y lo que habíamos imaginado fue real. La cámara alucinó con la primer palabra y quedó atrapada con la primera pitada de un cigarrillo encendido para mejorar la escenografía de su relato.
La noche acompañó, el aire acompañó, el clima acompañó para que seguir a Luna haya sido una experiencia diferente.
No conocíamos su literatura pero confiamos en el criterio de Abonizio. Se sentó y lo que habíamos imaginado fue real. La cámara alucinó con la primer palabra y quedó atrapada con la primera pitada de un cigarrillo encendido para mejorar la escenografía de su relato.
La noche acompañó, el aire acompañó, el clima acompañó para que seguir a Luna haya sido una experiencia diferente.
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sábado, 17 de noviembre de 2018
Kurt Lutman, jugando con las palabras
Kurt fue un buen jugador de fútbol. Igualmente, los hinchas de Newell´s lo quieren por su entrega en la cancha pero más aún por lo que representó. Kurt es tomado como una especie de emblema en la lucha que los hinchas del club rosarino tuvieron contra Eduardo López, expresidente de Newell´s y delincuente.
Existe una leyenda urbana, basada en hechos reales, que resumidamente cuenta que Lutman se enfrentó a López en un vestuario porque el por entonces presidente solo le había pagado a él dado que su padre trabajaba en el club y que con sus compañero mantenía la deuda. Así fue que no volvió a jugar en Newell´s. Esa es la historia que se corre y que elevaron a Kurt en la consideración del hincha. La historia contada por el protagonista tiene menos heroísmo y lo baja baja del lugar al que él no desea estar subido.
Una vez corrido de la vida futbolística se comenzó a escuchar el nombre de Kurt Lutman unidos a ciertos textos que mezclaban fútbol, pasión y barrio. Se volvió un escritor, aunque a él tampoco le guste etiquetarse de esa forma. Comenzó a jugar con las palabras y a unirlas en párrafos que cuentan desde realidades de pibes de esos barrios a los que empezó a frecuentar hasta los inicios del Pibe Valderrama. Reivindica en sus cuentos el jugar por el simple hecho de la alegría, de entrar en una cancha gambeteando tristezas y jugar con el alma del pibe que fuimos en algún potrero.
Aquella anécdota retocada con Eduardo López pinta un poco a Kurt. La pelea por los demás y el poner su carne y sus huesos en las reivindicaciones sociales muestran su vida. Siempre está de pie en la lucha por los derechos humanos junto a la agrupación H.I.J.O.S.
Y de una de esas luchas, de una marcha se acercó a El Gomecito para que grabemos su narración. El contacto había sido por Facebook. Soy hincha de Newell´s y lector de alguno de sus cuentos, así que le escribí. La respuesta fue inmediata y positiva. Entonces lo teníamos ahí, en jogging y buzo liviano a rayas, contándonos cosas, navegando entre temas, queriéndonos conocer, no porque dudara de nosotros, porque así es él, hace de las palabras una forma de vida.
Todos los problemas que pudimos tener con las luces los tuvimos con Kurt como espectador. Pero él hizo que el problema fuese un momento a rescatar, una anécdota divertida que contar.
Se sentó, lo iluminamos, se puso los lentes que se sostenía con una goma elástica y nos mostró cómo sabe jugar con las palabras
Existe una leyenda urbana, basada en hechos reales, que resumidamente cuenta que Lutman se enfrentó a López en un vestuario porque el por entonces presidente solo le había pagado a él dado que su padre trabajaba en el club y que con sus compañero mantenía la deuda. Así fue que no volvió a jugar en Newell´s. Esa es la historia que se corre y que elevaron a Kurt en la consideración del hincha. La historia contada por el protagonista tiene menos heroísmo y lo baja baja del lugar al que él no desea estar subido.
Una vez corrido de la vida futbolística se comenzó a escuchar el nombre de Kurt Lutman unidos a ciertos textos que mezclaban fútbol, pasión y barrio. Se volvió un escritor, aunque a él tampoco le guste etiquetarse de esa forma. Comenzó a jugar con las palabras y a unirlas en párrafos que cuentan desde realidades de pibes de esos barrios a los que empezó a frecuentar hasta los inicios del Pibe Valderrama. Reivindica en sus cuentos el jugar por el simple hecho de la alegría, de entrar en una cancha gambeteando tristezas y jugar con el alma del pibe que fuimos en algún potrero.
Aquella anécdota retocada con Eduardo López pinta un poco a Kurt. La pelea por los demás y el poner su carne y sus huesos en las reivindicaciones sociales muestran su vida. Siempre está de pie en la lucha por los derechos humanos junto a la agrupación H.I.J.O.S.
Y de una de esas luchas, de una marcha se acercó a El Gomecito para que grabemos su narración. El contacto había sido por Facebook. Soy hincha de Newell´s y lector de alguno de sus cuentos, así que le escribí. La respuesta fue inmediata y positiva. Entonces lo teníamos ahí, en jogging y buzo liviano a rayas, contándonos cosas, navegando entre temas, queriéndonos conocer, no porque dudara de nosotros, porque así es él, hace de las palabras una forma de vida.
Todos los problemas que pudimos tener con las luces los tuvimos con Kurt como espectador. Pero él hizo que el problema fuese un momento a rescatar, una anécdota divertida que contar.
Se sentó, lo iluminamos, se puso los lentes que se sostenía con una goma elástica y nos mostró cómo sabe jugar con las palabras
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jueves, 4 de octubre de 2018
Federico Ferroggiaro, contando la ciudad
Otra vez aparece Sonidos de Rosario en la historia. En aquellas escuchas en la germinación de este proyecto se nos coló otra voz. Federico Ferroggiaro nos llegó no solo por su tono y color de voz, nos entró por la forma de leer. Nos entregaba tranquilidad y hacía fácil imaginársela en Los Narradores.
Por suerte tiene un apellido no tan común y apareció rápido en una búsqueda de Facebook. Pelo corto, entrecano, barba, camisa,mirada hacia abajo, así lo vi en su foto de perfil. Parecía como leyendo algo que no se veía en la imagen. Supuse que era él y le escribí un mensaje.La respuesta fue rápida y afirmativa. Le pedí un mail para explicarle mejor la propuesta.
Por correo le detallé los pocos detalles que teníamos. Accedió y nos envió unos cuantos textos para que elijamos. La idea era escoger alguno que nos sirviera por tiempo y que a su vez más imágenes nos despertara en la imaginación. Le devolvimos dos de sus cuentos.Llegó a horario. Nacho no. Nos saludamos y nos conocimos. Hablamos un rato hasta que llegó Nacho con la llave y una cámara. Es decir que no teníamos nada preparado y nos tuvo que esperar. Seguimos charlando. Nos contó sobre él,un poco de su vida y un poco de su exvida. Se sentó, lo iluminamos, cruzó la pierna y leyó sus cuentos desde una comodidad corporal que alivió mis miedos sobre cómo se estaría sintiendo Federico. Palabra tras palabra nos empezó a contar la ciudad.
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jueves, 20 de septiembre de 2018
Abonizio, trovando un cuento
Desde hace un tiempo Adrián Abonizio quedó en contacto con Nacho. La relación viene de otra producción audiovisual que hicimos hace unos años, también idea de Nacho. Abonizio participó como entrevistado en Luces Calientes y desde ahí quedó una buena relación. Luego de esa entrevista Nacho lo invitó a participar de un nuevo proyecto en el que iba a ser protagonista pero se truncó por la falta de recursos.
La verdad es que no sabíamos que escribía cuentos así que no se nos había ocurrido invitarlo pero conversando nos enteramos que no sólo escribía canciones. Así que un día se apareció por El Gomecito para leernos varios cuentos. Llegó con postura seca pero enseguida cambió para empezar a hacer algunos chistes y hablar de la nada.
Se acomodó en la silla debajo de las luces, acomodó su boina, acercó los lentes a los ojos, se echó para atrás y puso la hoja frente suyo. Encendimos las cámaras y para él dejamos de existir. Eran él con sus cuentos y su cigarro.
El humo fue la mejor escenografía para el relato del billar, parecía que lo estaba leyendo en tugurio lleno de mesas tacos y bolas. Vasos de cerveza a medio vaciar y fondos blancos de bebidas que no se saborean. Allí está Abonizio, en una mesa, rodeado de jugadores y borrachos, inventando una nueva forma, trovando un cuento.
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jueves, 30 de agosto de 2018
Las rayas armaron el camino
Avanzamos dibujando el camino. Fuimos a la Escuela Barocelli a dar nuestras razones, a explicarles por qué nuestro proyecto valía la pena de ser ilustrado por ellos. Con ellos me refiero a Diego y a varios de sus alumnos. Nos escucharon como si supiésemos lo que queríamos. En cierta manera sí lo sabíamos. Le podíamos explicar lo que teníamos y a dónde deseábamos llegar pero el medio, el nudo del asunto, dependía del talento de ellos, a quienes estábamos tratando de convencer de compartirnos sus ilustraciones.
No trastabillamos. Seguimos con nuestra táctica jamás preparada y que más utilizamos. Nacho habla explicando la idea y cada vez que necesita explayarse sobre algo me mira y yo sé que cuando haga el punto en la oración tengo que intervenir. Y me meto. Me meto agregando nimiedades, comparaciones y contando sobre otros proyectos que hemos hecho. Parece que funciona. Nos fuimos contentos esperando que ellos se hayan quedado conformes con nuestro relato.
Les dejamos los textos para que los vean y analicen si su arte encajaba con alguna de esas narraciones. Con el tiempo llegaron sus respuestas. Algunos ya habían elegido el texto sobre el que iban a dibujar y otros estaban por decidirse. Todos estaban embarcados con nosotros.
Varios textos ya tenían nuevos dueños pero otros estaban huérfanos de dibujos. Seguimos buscando. Mails para acá, mensajes para allá. Muchas negativas pero terminamos encontrando muchas otras manos que nos terminaron de dibujar el sendero.
No trastabillamos. Seguimos con nuestra táctica jamás preparada y que más utilizamos. Nacho habla explicando la idea y cada vez que necesita explayarse sobre algo me mira y yo sé que cuando haga el punto en la oración tengo que intervenir. Y me meto. Me meto agregando nimiedades, comparaciones y contando sobre otros proyectos que hemos hecho. Parece que funciona. Nos fuimos contentos esperando que ellos se hayan quedado conformes con nuestro relato.
Les dejamos los textos para que los vean y analicen si su arte encajaba con alguna de esas narraciones. Con el tiempo llegaron sus respuestas. Algunos ya habían elegido el texto sobre el que iban a dibujar y otros estaban por decidirse. Todos estaban embarcados con nosotros.
Varios textos ya tenían nuevos dueños pero otros estaban huérfanos de dibujos. Seguimos buscando. Mails para acá, mensajes para allá. Muchas negativas pero terminamos encontrando muchas otras manos que nos terminaron de dibujar el sendero.
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martes, 12 de junio de 2018
Dibujando las primeras rayas
Aquella primera idea cerradita, linda, amistosa, se abrió y se pintó de colores. Es que estaba demasiado cerrado, demasiado prolijo. Y por más que estaba más que "mirable" no nos convencía. No porque estuviese mal sino porque podía estar mucho mejor. Nos gustaba como habíamos logrado el material, pero le faltaba color.
Entonces se le ocurrió a Nacho lo de siempre...entrar en complicaciones para mejorar el producto final."Para mi le falta algo", me dijo. Cuando me dice eso en mi cabeza me imagino agarrándolo de los hombros y sacudiéndolo para que reaccione y no volvamos a entrar en la vorágine de siempre. Pero de mi boca solo salen palabras para no matar su nueva idea. Me hago cómplice inmediatamente porque sé, en el fondo, que vamos a tener una producción mucho mejor, aunque nos lleve más tiempo y más sacrificio, y más tiempo, y más movimiento, y más tiempo, y más gente a involucrar, y más tiempo, y más gente a esperar, y más tiempo.
Uno de sus viejos contactos, de otras ideas, de otros proyectos, fue al primero que se consultó. Un llamado a Diego Fiorucci, dibujante, perteneciente a la Escuela de dibujo Barocelli. La idea le gustó de entrada, pero tuvo su reparo, el mismo que el nuestro, el maldito tiempo. Le ofrecemos participar de un proyecto que lo único que le puede ofrecer es otra forma de mostrar su trabajo. Claro que no es menor y él así lo entendió pero desgraciadamente se necesita eso que se llama dinero para vivir. Por eso nuestro pedido queda envuelto en medio de otros trabajos.
Siempre dispuesto a participar Diego nos invitó a la escuela donde da clases a que le hagamos la misma propuesta que le hiciéramos a él a algunos de los alumnos de la institución...
Entonces se le ocurrió a Nacho lo de siempre...entrar en complicaciones para mejorar el producto final."Para mi le falta algo", me dijo. Cuando me dice eso en mi cabeza me imagino agarrándolo de los hombros y sacudiéndolo para que reaccione y no volvamos a entrar en la vorágine de siempre. Pero de mi boca solo salen palabras para no matar su nueva idea. Me hago cómplice inmediatamente porque sé, en el fondo, que vamos a tener una producción mucho mejor, aunque nos lleve más tiempo y más sacrificio, y más tiempo, y más movimiento, y más tiempo, y más gente a involucrar, y más tiempo, y más gente a esperar, y más tiempo.
Uno de sus viejos contactos, de otras ideas, de otros proyectos, fue al primero que se consultó. Un llamado a Diego Fiorucci, dibujante, perteneciente a la Escuela de dibujo Barocelli. La idea le gustó de entrada, pero tuvo su reparo, el mismo que el nuestro, el maldito tiempo. Le ofrecemos participar de un proyecto que lo único que le puede ofrecer es otra forma de mostrar su trabajo. Claro que no es menor y él así lo entendió pero desgraciadamente se necesita eso que se llama dinero para vivir. Por eso nuestro pedido queda envuelto en medio de otros trabajos.
Siempre dispuesto a participar Diego nos invitó a la escuela donde da clases a que le hagamos la misma propuesta que le hiciéramos a él a algunos de los alumnos de la institución...
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jueves, 7 de junio de 2018
Nos gusta repetir la historia
Otra
vez lo mismo. En cada proyecto que emprendemos se repite la historia. Una idea,
simple, casi minimalista. “Podemos hacer ESTO”. Pero ese ESTO nunca termina siendo ESTO. A ese
ESTO se le van a terminar agregando muchos otros ESTOS.
Lo
hablamos siempre, con proyectos que vieron la luz y con otros tanto que se
truncaron. Sabemos que no podemos hacer superproducciones. Sabemos que sin
dinero la producciones que terminamos imaginando son poco menos que
inalcanzables. Pero igual nuestra imaginación no sabe de costos y tiene más
fuerza que el dinero. Entonces empieza a volar y desear cosas que ni el tiempo
ni la plata pueden obtener. Pero se
intentan igual. La mayoría de las veces estos vuelos imaginativos terminan
chocando o volviendo a la pista para hacer algo más alcanzable.
Mirá
que lo hablamos…No agreguemos cosas que nos dificulten la producción, no
salpimentemos por demás. Por más que sepamos que el producto final va a ser
superior es mejor hacer algo que podamos y no que esté limitando con la utopía.
Produzcamos algo factible, algo que sea más que digno y que podamos terminar.
Porque muchas veces esa exagerada condimentación ha desperdiciado buenos ideas
y ha desechado producciones que terminaron juntando polvo y debajo de ese polvo
quedó todo el tiempo invertido.
Pero
bueno. Siempre pierde. Todo este razonamiento criterioso y repetitivo siempre
cae derrotado por una utopía. Por suerte siempre hay una utopía a la cual
perseguir para nunca alcanzar. Es lo que nos mantiene en movimiento. Entonces
nos movimos. La nueva idea de Nacho que no quise matar nos llevó a un nuevo
camino. Más largo pero que lindo…
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domingo, 6 de mayo de 2018
Mercedes Gómez de la Cruz
Entre esas voces que salían de Sonidos de Rosario, como conté, nos llamaron la atención 3 por sobre el resto. Lo que buscábamos eran formas de narrar más que el texto en sí. Luego si esa voz "contadora" se alineaba con un buen texto se cerraba el círculo. Dos eran hombres y una mujer.Como muchas veces las casualidades nos empiezan a mostrar un sendero que siempre tratamos de seguir, por la fe, a veces ciega, que tenemos en el hacer.
¿Y cuál fue esa casualidad? Nacho había conseguido el dato de una escritora de poesías. Se la habían recomendado mucho. Y claro, resultó ser la misma que me había contado sus poemas desde Sonidos de Rosario.
Él la contactó y Mercedes Gómez de la Cruz (de ella se trata) le preguntó si podíamos acercarnos a su casa para reunirnos.
En una no tan fría tarde-noche de invierno Nacho me pasó a buscar . Fuimos por Avellaneda, cruzamos el Viaducto y tomamos por Alberdi hacia la zona Norte de la ciudad. Mientras, hablamos. Conversamos de lo que más dialogamos desde que nos conocimos, de lo difícil que es llegar a vivir trabajando de periodista. Pero inmediatamente nos autoconsolamos creyendo en la felicidad que nos da hacer estas producciones. A lo que sigue la irrevocable convicción de Nacho de que algún día el esfuerzo va a volver.
Ya pasando la mitad del camino, sobre la Avenida Rondeau, empezamos a armar un pequeño diálogo que suponíamos llegar a tener con Mercedes.
Fuimos impuntuales, llegamos diez minutos antes de la cita. Estacionamos a unos 80 metros de la que luego sabríamos que sería la casa de Mercedes. Nacho encendió un cigarro y fumó tranquilo. Cinco, seis, siete pitadas y empezamos a mover las piernas hacia donde la numeración de la calle nos indicaba.
Esperamos para tocar el timbre que pasen unos minutos de la hora acordada para no quedar como muy ansiosos. Abrió Mercedes y dos perros a sus espaldas ladraron nuestra presencia. Subimos una escalera y entramos a una sala de estar que pertenece a una especie de estudio donde Mercedes realiza su arte. Nos pidió que la esperemos unos instantes. Ella subió otro piso. Nos sentamos.
Un par de minutos tardó en volver con nosotros y ofrecernos algo de tomar. Nos negamos y se lo agradecimos. Un breve silencio precedió la conversación.
Nacho tomó la palabra porque siempre es él quien sabe explicar mejor los proyectos. Y se lo explicó. Tengo la costumbre de mirarlo mientras habla porque sé que en algún momento me va a observar como pidiendo que intervenga y que me explaye con lo que está diciendo. Y me miró, e intervine. Sin saber bien que decir más que cambiar algunas palabras por otras de lo que él ya había dicho. Tal vez agregué algún ejemplo como para que parezca que dije algo diferente. Tratamos de mostrar lo que para nosotros es un proyecto grande y hermoso.
Mercedes preguntaba y nosotros respondíamos, opinaba y la escuchábamos, criticaba y aceptábamos, aconsejaba y asentíamos.
Redondeamos la charla, pusimos una fecha estimativa, nos abrió la puerta, bajamos las escaleras y salimos con los perros ladrando a nuestras espaldas.
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viernes, 24 de noviembre de 2017
El Poeta Loco, prueba sin error
El Poeta está siempre a mano. Los motivos son varios. Se puede decir que al ser un usuario de salud mental está cerca de El Gomecito. Pero lo que más lo acerca a participar es su talento. Sus fantasmas se empeñan constantemente por alejarlo de la mínima coherencia. Por suerte su arte se para de pecho y lo trae de vuelta al mundo donde él mejor se mueve. El mundo del arte, especialmente el de la poesía.Por ese motivo, porque siempre está dispuesto a ayudarnos fue al primero que recurrimos para filmar el capítulo inicial. Saber que podíamos fallar nos dio libertad de movimientos para probar diferentes cosas. El poeta siempre va a a estar.
El Poeta Loco, como le gusta autollamarse, tiene un nombre de nacimiento por el cual nunca lo escuché ser nombrado. Hernán Rosatti es la burbuja que encierra al Poeta que está siempre con una aguja en la mano para escaparse a la realidad que más le guste. Esa aguja son sus poemas, sus textos que desde años que ya no recuerda vende en su barrio en forma de cuadernos.
Es muy prolífico. Creo que son todos sus dolores, demonios, tristezas y desamores los que lo inspiran principalmente. Pero también la música y los amigos.
Nos muestra los textos que trajo escritos de manera incomprensible para el que no sea un poeta loco. Los renglones imaginarios son oblicuos y sinuosos en el mar de arrugas que son sus hojas. Tachones y flechas que solo su lectura descifra.
Su don se revela apenas se empieza a grabar. Ese es su lugar. Le encanta la exposición, siente que su arte puede llegar a ser valorado. Es el momento en el que es uno más de la sociedad, y, tal vez, alguien un poco más importante. Siente que lo ven, con todo lo que eso implica a un tipo de persona que no se quiere mirar.
Vuela en la silla, brilla con las luces, bailan una hermosa melodía sus palabras. Y vuela. Vuela alegre aunque sepa que cuando el momento termine es probable que se estrelle.
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lunes, 18 de septiembre de 2017
Los Narradores, la Música, parte 3
Le dije que deje su talento libre, ingenuo yo. A un tipo como Mariano el talento lo desborda, siempre está libre, solo tiene que canalizarlo. Pero ese talento liberado es el que me pintaba los tildes de celeste y no me daba respuestas. Esa libertad artística y de mente es la que, creo, hace que le cueste responder a las ataduras que le mandaba en los mensajes.
Un miércoles más en el Gomecito y Nacho que entiende de arte pero también de tiempos de edición me apuró para que apure a Mariano. "Mañana le escribo", le dije entusiasmando a mis pocas ganas de hacerlo. Es que no me agradaba la idea de molestarlo sabiendo que nos estaba dando una gran mano.
Por suerte Mariano se mueve sobre intuiciones y se comunicó conmigo para avisarme que ya había terminado la música. De no saber si estaba haciendo algo a regalarnos sus composiciones. Quedamos que lo visitaríamos con Nacho al mediodía del día siguiente.
Escapando del trabajo lo busqué a Nacho y llegamos a la casa de Mariano un poco pasada las 12 porque no vive en el lugar más sencillo para estacionar. Hablamos un rato y Mariano nos hizo escuchar tres composiciones. Hermosas pero no se terminaban de ajustar a la necesidad de Nacho para editar. Nacho le explicó lo que necesitaba y Mariano totalmente dispuesto a las necesidades del ciclo dijo que lo dejemos trabajar y que en una semana nos comunicábamos. Antes de irnos Mariano grabó en un pendrive las composiciones que había realizado, nos hizo reír mostrándonos sus recuerdos de sketchs de Capusotto y nos invitó a volver en 8 días para mostrarnos los arreglos finales de sus músicas.
Un día antes de que se cumpla la fecha señalada le escribí a Mariano. Tilde, dos tildes, celestes. Raro pero me respondió al instante pidiéndome un email. Se lo pasé y me envió a través de un enlace a Dropbox las 3 músicas terminadas. Inmediatamente se las envié a Nacho y Los Narradores tuvo su música original.
Los Narradores, la Música, parte 1.
Los Narradores, la Música, parte 2.
Un miércoles más en el Gomecito y Nacho que entiende de arte pero también de tiempos de edición me apuró para que apure a Mariano. "Mañana le escribo", le dije entusiasmando a mis pocas ganas de hacerlo. Es que no me agradaba la idea de molestarlo sabiendo que nos estaba dando una gran mano.
Por suerte Mariano se mueve sobre intuiciones y se comunicó conmigo para avisarme que ya había terminado la música. De no saber si estaba haciendo algo a regalarnos sus composiciones. Quedamos que lo visitaríamos con Nacho al mediodía del día siguiente.
Escapando del trabajo lo busqué a Nacho y llegamos a la casa de Mariano un poco pasada las 12 porque no vive en el lugar más sencillo para estacionar. Hablamos un rato y Mariano nos hizo escuchar tres composiciones. Hermosas pero no se terminaban de ajustar a la necesidad de Nacho para editar. Nacho le explicó lo que necesitaba y Mariano totalmente dispuesto a las necesidades del ciclo dijo que lo dejemos trabajar y que en una semana nos comunicábamos. Antes de irnos Mariano grabó en un pendrive las composiciones que había realizado, nos hizo reír mostrándonos sus recuerdos de sketchs de Capusotto y nos invitó a volver en 8 días para mostrarnos los arreglos finales de sus músicas.
Un día antes de que se cumpla la fecha señalada le escribí a Mariano. Tilde, dos tildes, celestes. Raro pero me respondió al instante pidiéndome un email. Se lo pasé y me envió a través de un enlace a Dropbox las 3 músicas terminadas. Inmediatamente se las envié a Nacho y Los Narradores tuvo su música original.
Los Narradores, la Música, parte 1.
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domingo, 10 de septiembre de 2017
Los Narradores, Toma Dos
Una semana pasó. Estamos de vuelta parados en el salón de usos múltiples donde filmamos. Ahora también está Pablo para sumar otra cámara a la grabación y así lograr más variedad de imágenes y facilitar la edición. Con él trae un micrófono corbatero que va a facilitar y mejorar el audio. Comenzamos ubicando todo basándonos en las fotos de la semana pasada. Las luces, silla y micrófono quedan en el mismo lugar.
Me siento de nuevo para leer. Esta vez no voy a aburrir con fechas y direcciones. Traje dos cuentos de Casciari para leer. Es mi escritor favorito en esta etapa de mi vida y sus cuentos logran mantenerme atento de principio a fin. Elegí "10.6 segundos" y "#MeHagoCargo". El primero cuenta cómo los 10.6 segundos que tardó Maradona en meterle el segundo gol a los ingleses le cambiaron la vida a varios de los protagonistas de aquella tarde en Méjico. El segundo es un mea culpa relacionado al "#NiUnaMenos".
Cambió la forma de escuharme y de lo que habíamos hecho anteriormente. El relato con sentido le dio otro sentido. Las luces y las cámaras ya funcionaban. Faltaba el audio. Pero nuestra amiga la cinta adhesiva nos facilitó ubicar el micrófono en un buen lugar para que el sonido se grabe lo suficientemente bien. Mejor de lo esperado en relación a los recursos.
Nacho se llevó las tarjetas de memoria y salió la primera prueba editada...
Me siento de nuevo para leer. Esta vez no voy a aburrir con fechas y direcciones. Traje dos cuentos de Casciari para leer. Es mi escritor favorito en esta etapa de mi vida y sus cuentos logran mantenerme atento de principio a fin. Elegí "10.6 segundos" y "#MeHagoCargo". El primero cuenta cómo los 10.6 segundos que tardó Maradona en meterle el segundo gol a los ingleses le cambiaron la vida a varios de los protagonistas de aquella tarde en Méjico. El segundo es un mea culpa relacionado al "#NiUnaMenos".
Cambió la forma de escuharme y de lo que habíamos hecho anteriormente. El relato con sentido le dio otro sentido. Las luces y las cámaras ya funcionaban. Faltaba el audio. Pero nuestra amiga la cinta adhesiva nos facilitó ubicar el micrófono en un buen lugar para que el sonido se grabe lo suficientemente bien. Mejor de lo esperado en relación a los recursos.
Nacho se llevó las tarjetas de memoria y salió la primera prueba editada...
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jueves, 7 de septiembre de 2017
Los Narradores, Primera Toma
Miércoles es el día en que tenemos disponibilidad para usar las instalaciones del lugar donde vamos a grabar a los escritores. 18:15 es la hora en la que llegamos para comenzar a realizar las primeras pruebas de cámara, no queremos cometer viejos errores.
En algunas otras grabaciones de algunos otros programas e intentos de programas perdimos horas de grabación por haber fallado en la iluminación o en el sonido, o en ambos a la vez. La idea de probar todo era no perder tiempo nuestro ni tener que hacer retornar a algún Narrador para que vuelva a leer porque habíamos fallado en la grabación.
Soy la cara de los narradores mientras Nacho me envuelve con las cámaras. Una luz más arriba, otra más abajo. El micrófono más cerca y mucha cinta adhesiva para acomodar cables.
En el medio de la prueba Nacho tuvo la idea proyectar sobre un telón de fondo imágenes. Trae un proyector y me apunta a la cara y se dibuja mi sombra. Como cada vez que veo una sombra de este tipo empiezo a hacer las 4 o 5 sombras chinescas que sé. Hago un pato, un pájara, el cocodrilo, el caballo... Me divierte a mi solo. Él sigue tratando de ubicar mi contorno en la pared con una imagen en slowmotion que encuentra en Youtube.
Para probar el sonido agarro lo primero y único que había a mano, un cronograma con las actividades del Centro Cultural El Gomecito, y lo comienzo a leer. El sonido anda bien pero el relato es sumamente aburrido y mi escasez de eses lo empeora.
Guardamos todo mientras hablamos de pulir ideas. Nacho se lleva las filmaciones para comenzar a editar y ver como va quedando.
En algunas otras grabaciones de algunos otros programas e intentos de programas perdimos horas de grabación por haber fallado en la iluminación o en el sonido, o en ambos a la vez. La idea de probar todo era no perder tiempo nuestro ni tener que hacer retornar a algún Narrador para que vuelva a leer porque habíamos fallado en la grabación.
Soy la cara de los narradores mientras Nacho me envuelve con las cámaras. Una luz más arriba, otra más abajo. El micrófono más cerca y mucha cinta adhesiva para acomodar cables.
En el medio de la prueba Nacho tuvo la idea proyectar sobre un telón de fondo imágenes. Trae un proyector y me apunta a la cara y se dibuja mi sombra. Como cada vez que veo una sombra de este tipo empiezo a hacer las 4 o 5 sombras chinescas que sé. Hago un pato, un pájara, el cocodrilo, el caballo... Me divierte a mi solo. Él sigue tratando de ubicar mi contorno en la pared con una imagen en slowmotion que encuentra en Youtube.
Para probar el sonido agarro lo primero y único que había a mano, un cronograma con las actividades del Centro Cultural El Gomecito, y lo comienzo a leer. El sonido anda bien pero el relato es sumamente aburrido y mi escasez de eses lo empeora.
Guardamos todo mientras hablamos de pulir ideas. Nacho se lleva las filmaciones para comenzar a editar y ver como va quedando.
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Los Narradores, la Música, parte 2
Éramos pocos y esa fue una de las razones por las que fui. Vida actual, recuerdos, fútbol, temas variados y casi obvios para hablar con semidesconocidos. Es decir, fueron amigos algunos, otros compañeros, pero ya no son (somos) esos pibes de 13 años que dejé atrás en el ´93. Son (somos) los mismos pero cambiados, con ideologías, más o menos tolerantes, más o menos divertidos, son (somos) más o menos todo.
Luego de preparar el asado (yo no, es muy aburrido a mi criterio) y las ensaladas (yo tampoco, las verduras son eso que comen mis carnes antes de morir) nos sentamos. A mi derecha quedó Mariano Ruggieri, el único vegetariano filosófico que conozco. La cercanía hizo que pudiese ahondar en su trabajo. Me pude enterar que además de músico es maestro de música en una escuela de barrio.
Fue en ese momento en que se me ocurrió la idea pero no le dije nada. Volví a casa y esperé al miércoles siguiente, día de producción de "Los Narradores", para proponérsela a Nacho... tratar de que Mariano nos haga una música original. A Nacho le interesó.
Un paso adelante. Busco en el grupo de la primaria hasta detectar la foto de Mariano en algún avatar. me cuesta un poco pero lo encuentro porque está medio camuflado bajo una gorra. Le mando un mensaje privado para preguntarle por su disponibilidad de tiempo, talento y ganas para musicalizar el programa. Dos tildes azules y ninguna respuesta.
Un día después me llegan 3 renglones con 5 o 6 palabras en total, una de ellas derrochada en escribir mi nombre. Estaba dispuesto a realizar la música. Le agradecí y le expliqué como era el programa. Un tilde, dos tildes, se ponen azules y nada.
Casi otro día pasó hasta que el WhatsApp me mostró la respuesta de Mariano. Me decía que no había ningún inconveniente y me pedía hablar para ponernos de acuerdo. "Decime cuándo quieras que te llame", le escribí. Tilde, dos tildes, se ponen azules y nada. Esta vez van a pasar varios días.
Suena mi teléfono un día de trabajo cerca del mediodía. Miro la cara de Mariano que me mira desde su foto de WhatsApp en la pantalla. "Kiki querido", me dice con una buena onda muy envidiable. Rápidamente se puso a nuestra disposición. Me dijo que estaba muy contento de poder trabajar juntos y que haría sin problemas la música. También me preguntó por alguna especificación y le dije que deje que su talento sea libre.
Los Narradores, la Música, parte 1.
Los Narradores, la Música, parte 3.
Luego de preparar el asado (yo no, es muy aburrido a mi criterio) y las ensaladas (yo tampoco, las verduras son eso que comen mis carnes antes de morir) nos sentamos. A mi derecha quedó Mariano Ruggieri, el único vegetariano filosófico que conozco. La cercanía hizo que pudiese ahondar en su trabajo. Me pude enterar que además de músico es maestro de música en una escuela de barrio.
Fue en ese momento en que se me ocurrió la idea pero no le dije nada. Volví a casa y esperé al miércoles siguiente, día de producción de "Los Narradores", para proponérsela a Nacho... tratar de que Mariano nos haga una música original. A Nacho le interesó.
Un paso adelante. Busco en el grupo de la primaria hasta detectar la foto de Mariano en algún avatar. me cuesta un poco pero lo encuentro porque está medio camuflado bajo una gorra. Le mando un mensaje privado para preguntarle por su disponibilidad de tiempo, talento y ganas para musicalizar el programa. Dos tildes azules y ninguna respuesta.
Un día después me llegan 3 renglones con 5 o 6 palabras en total, una de ellas derrochada en escribir mi nombre. Estaba dispuesto a realizar la música. Le agradecí y le expliqué como era el programa. Un tilde, dos tildes, se ponen azules y nada.
Casi otro día pasó hasta que el WhatsApp me mostró la respuesta de Mariano. Me decía que no había ningún inconveniente y me pedía hablar para ponernos de acuerdo. "Decime cuándo quieras que te llame", le escribí. Tilde, dos tildes, se ponen azules y nada. Esta vez van a pasar varios días.
Suena mi teléfono un día de trabajo cerca del mediodía. Miro la cara de Mariano que me mira desde su foto de WhatsApp en la pantalla. "Kiki querido", me dice con una buena onda muy envidiable. Rápidamente se puso a nuestra disposición. Me dijo que estaba muy contento de poder trabajar juntos y que haría sin problemas la música. También me preguntó por alguna especificación y le dije que deje que su talento sea libre.
Los Narradores, la Música, parte 1.
Los Narradores, la Música, parte 3.
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miércoles, 6 de septiembre de 2017
Los Narradores, la Música, parte 1
Me habían encontrado en Facebook. También por amigos de amigos. Lo feo de las redes sociales. Ni siquiera respondí. No me gusta traer el pasado a vivir conmigo, ni siquiera por un rato. Con los recuerdos tengo bastante. Soy de pensar de que lo que pasó quedó allá en el pasado y que si no vive conmigo hoy fue porque elegí otras cosas y hubo otros caminos.
Pero insistieron. Sobre todo un compañero que había sido un gran amigo en la primaria, Damián. Sentí la obligación de responderle los mensajes de WhatsApp que me enviaba por privado, fuera del grupo en el que ya me habían incluido. Le expliqué mis razones para no asistir y las entendió.
Casualidad para los que creen, causalidad para los que no... la misma noche de diciembre de aquella reunión de los exalumnos de la primaria del colegio San José ´89/´93 se hacía a una cuadra de donde iba a estar junto a mis amigos pasando el viernes por la noche. En un barrio que nunca había visitado hasta un mes atrás tenía dos reuniones en el mismo tiempo y casi espacio.
Y estabamos con mis amigos cuando entró una voz muy grave por la puerta. Casualidad o causalidad... uno de mis amigos, el dueño de la casa en donde nos reunimos, conoce a uno de mis compañeros de primaria. Se habían escrito y mi amigo le había dicho donde yo iba a estar. Fueron a buscarme 4 excompañeros. Uno de ellos era Damián, al que vi y abracé con mucho afecto. Sentí que abrazaba a los recuerdos de aquel gran amigo que había tenido. Fui con ellos a la reunión y me quedé un par de horas hablando con extraños conocidos.
Allí estaba también Mariano Ruggieri, a quien me había cruzado en un bar varias veces pero diez años antes. Lo último que recuerdo es que le tiré un vaso de cerveza entero sobre la ropa. Quise ser más amigable de lo que sabía. Su cara casi ni se inmutó aquel día en García porque a Mariano, desde los 4 años, parece que solo le gusta mostrar una cara amigable.
Casi ni hablé con Mariano en la reunión pero ya sabía que él era músico de jazz y había visto varios videos suyos en YouTube. También había sido un muy buen amigo en aquellos años de colegio pero no pude hablar mucho con él esa noche.
Las reuniones no fueron tan frecuentes como los mensajes pidiéndolas en el grupo. Algunas pocas hubo a las que no pude o no quise asistir pero hubo una serie de mensajes a los que sí me sumé. La invitación era a la misma casa de la reunión a la que había ido, un viernes. Mis dudas hicieron que acepte ir faltando solo un par de horas para la reunión. Pedí disculpas y pregunté si tenía que llevar algo. "Plato y cubiertos" fue la respuesta...
Los Narradores, la Música, parte 2.
Los Narradores, la Música, parte 3.
Pero insistieron. Sobre todo un compañero que había sido un gran amigo en la primaria, Damián. Sentí la obligación de responderle los mensajes de WhatsApp que me enviaba por privado, fuera del grupo en el que ya me habían incluido. Le expliqué mis razones para no asistir y las entendió.
Casualidad para los que creen, causalidad para los que no... la misma noche de diciembre de aquella reunión de los exalumnos de la primaria del colegio San José ´89/´93 se hacía a una cuadra de donde iba a estar junto a mis amigos pasando el viernes por la noche. En un barrio que nunca había visitado hasta un mes atrás tenía dos reuniones en el mismo tiempo y casi espacio.
Y estabamos con mis amigos cuando entró una voz muy grave por la puerta. Casualidad o causalidad... uno de mis amigos, el dueño de la casa en donde nos reunimos, conoce a uno de mis compañeros de primaria. Se habían escrito y mi amigo le había dicho donde yo iba a estar. Fueron a buscarme 4 excompañeros. Uno de ellos era Damián, al que vi y abracé con mucho afecto. Sentí que abrazaba a los recuerdos de aquel gran amigo que había tenido. Fui con ellos a la reunión y me quedé un par de horas hablando con extraños conocidos.
Allí estaba también Mariano Ruggieri, a quien me había cruzado en un bar varias veces pero diez años antes. Lo último que recuerdo es que le tiré un vaso de cerveza entero sobre la ropa. Quise ser más amigable de lo que sabía. Su cara casi ni se inmutó aquel día en García porque a Mariano, desde los 4 años, parece que solo le gusta mostrar una cara amigable.
Casi ni hablé con Mariano en la reunión pero ya sabía que él era músico de jazz y había visto varios videos suyos en YouTube. También había sido un muy buen amigo en aquellos años de colegio pero no pude hablar mucho con él esa noche.
Las reuniones no fueron tan frecuentes como los mensajes pidiéndolas en el grupo. Algunas pocas hubo a las que no pude o no quise asistir pero hubo una serie de mensajes a los que sí me sumé. La invitación era a la misma casa de la reunión a la que había ido, un viernes. Mis dudas hicieron que acepte ir faltando solo un par de horas para la reunión. Pedí disculpas y pregunté si tenía que llevar algo. "Plato y cubiertos" fue la respuesta...
Los Narradores, la Música, parte 2.
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martes, 5 de septiembre de 2017
Los Narradores, Empezando a andar
Como siempre que empezamos algo Nacho me invitó a su casa para hablar de su nueva idea. Vemos algunos videos, me explica lo que necesita, vemos más videos, tomamos Coca (porque siempre me gusta caer con una Coca, más para mi que para él), comemos unas papitas, vemos otros videos, hablamos del periodismo, hablamos de como nos gustaría trabajar de lo que parece este hobbie eterno, hablamos de ideas, hablamos...
Le tiro alguna idea, la deshecha. No me preocupa, muchas veces prefiero tener que deshacernos de cosas que tener que acomodar el amontonamiento que lleva al sin sentido. Me muestra una página, sonidos rosario. Me cuenta que se la recomendó un amigo y que allí un muchacho, fanático del sonido, alberga audios de todo tipo grabados en buena calidad. Llevó la flechita a la pestaña de Salón de Lectura y allí clickeó en Autores Rosarinos. Muchos escritores de nuestra ciudad dejaron grabadas sus voces leyendo algunas de sus narraciones.
Decidimos los pasos a seguir. Primero comunicarnos con algunos escritores que Nacho ya conocía. Luego íbamos a escuchar los audios de Sonidos Rosario y elegir los que más nos gustaran. Una elección antojadiza y subjetiva, basada solamente en nuestro gusto.
Así fue. Particularmente escuché todos los autores. No tengo un oído entrenado pero dejé que mi gusto me guíe. Algunos no duraban ni 10 segundos antes que los cambie. Pensaba en el programa, en que quería que fuesen entretenidos a la vista y al oído, que lleguen a movilizar los sentidos. Fui anotando los nombres de quienes me gustaban, los buscaba en Facebook y si los encontraba se los pasaba al grupo de Whatsapp de "Los Narradores" para ver si coincidían con los de Nacho y Pablo. La lista fue de siete escritores. Coincidimos en varios. Empezamos a buscarlos...
Le tiro alguna idea, la deshecha. No me preocupa, muchas veces prefiero tener que deshacernos de cosas que tener que acomodar el amontonamiento que lleva al sin sentido. Me muestra una página, sonidos rosario. Me cuenta que se la recomendó un amigo y que allí un muchacho, fanático del sonido, alberga audios de todo tipo grabados en buena calidad. Llevó la flechita a la pestaña de Salón de Lectura y allí clickeó en Autores Rosarinos. Muchos escritores de nuestra ciudad dejaron grabadas sus voces leyendo algunas de sus narraciones.
Decidimos los pasos a seguir. Primero comunicarnos con algunos escritores que Nacho ya conocía. Luego íbamos a escuchar los audios de Sonidos Rosario y elegir los que más nos gustaran. Una elección antojadiza y subjetiva, basada solamente en nuestro gusto.
Así fue. Particularmente escuché todos los autores. No tengo un oído entrenado pero dejé que mi gusto me guíe. Algunos no duraban ni 10 segundos antes que los cambie. Pensaba en el programa, en que quería que fuesen entretenidos a la vista y al oído, que lleguen a movilizar los sentidos. Fui anotando los nombres de quienes me gustaban, los buscaba en Facebook y si los encontraba se los pasaba al grupo de Whatsapp de "Los Narradores" para ver si coincidían con los de Nacho y Pablo. La lista fue de siete escritores. Coincidimos en varios. Empezamos a buscarlos...
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domingo, 3 de septiembre de 2017
Los Narradores, la Idea
10 narradores rosarinos, 10 estilos diferentes, 10 historias. Esa era la idea inicial. Convocar a 10 escritores de nuestra ciudad que quieran contar algunas de sus escrituras y resolverlo en un programa que dure entre 8 y 10 minutos.
Pero como a veces nos gusta complicarnos un poco pensamos que para dinamizar las narraciones y hacerlas más ágiles estaría lindo agregarles algunas imágenes. Entonces la idea mutó un poco. Siempre pensamos en el televidente y sabemos que a un mundo que vive en 140 caractéres hay que darle un bueno contenido y dinámico que lo haga quedarse viendo.
Pero como a veces nos gusta complicarnos un poco pensamos que para dinamizar las narraciones y hacerlas más ágiles estaría lindo agregarles algunas imágenes. Entonces la idea mutó un poco. Siempre pensamos en el televidente y sabemos que a un mundo que vive en 140 caractéres hay que darle un bueno contenido y dinámico que lo haga quedarse viendo.
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Los Narradores, el Comienzo
Los Narradores surge de una idea de Ignacio Blaconá y de su gusto por el arte audiovisual. Luego de haber realizado varios programas como "Luces caliente" o "Pastillas" y de haber filmado el largometraje "Ánfora", la necesidad de un nuevo proyecto hizo que "Nacho" presentase en un concurso de la Municipalidad de Rosario la idea de "Los Narradores".
No importándole si su proyecto sería elegido comenzó a moverse para poner en marcha la producción de este nuevo programa. Fue allí cuando me convocó para poder ayudarlo en la tarea. Con Nacho nos conocimos realizando el postítulo de Periodismo en la Universidad Nacional de Rosario. Desde el primer día la geografía hizo que nos juntemos en grupo. Pero no solo nosotros estábamos cerca en el salón. Adelante mío estaba Pablo Donadello. Entre los 3 y algunos otros que iban variando hicimos casi todos los trabajos grupales de los dos años de estudio. Siempre nos fue bien y trabajamos muy cómodos juntos. Por esta razón Nacho también lo llamó a Pablo con quien años atrás también había llevado a cabo varios trabajos.
En el camino el proyecto fue elegido por la Secretaría de Cultura para recibir el subsidio para realizar las 10 emisiones que Nacho había planteado en los papeles presentados.
Con esos pocos pesos, con muchas ganas y con la ayuda del Centro Cultural "El Gomecito" empezamos a escribir la historia de " Los Narradores".
No importándole si su proyecto sería elegido comenzó a moverse para poner en marcha la producción de este nuevo programa. Fue allí cuando me convocó para poder ayudarlo en la tarea. Con Nacho nos conocimos realizando el postítulo de Periodismo en la Universidad Nacional de Rosario. Desde el primer día la geografía hizo que nos juntemos en grupo. Pero no solo nosotros estábamos cerca en el salón. Adelante mío estaba Pablo Donadello. Entre los 3 y algunos otros que iban variando hicimos casi todos los trabajos grupales de los dos años de estudio. Siempre nos fue bien y trabajamos muy cómodos juntos. Por esta razón Nacho también lo llamó a Pablo con quien años atrás también había llevado a cabo varios trabajos.
En el camino el proyecto fue elegido por la Secretaría de Cultura para recibir el subsidio para realizar las 10 emisiones que Nacho había planteado en los papeles presentados.
Con esos pocos pesos, con muchas ganas y con la ayuda del Centro Cultural "El Gomecito" empezamos a escribir la historia de " Los Narradores".
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